Saturday, December 10, 2011

Nos pasamos entre su mismos



Vemos tantas personas que nos pasan.

Próxima estación, Moncloa. Correspondencia con, línea 3.

La gente desembarca en un gran flux, y otro flux

reaccionario lo equilibra. Si se mira de distancia, somos masas que se mueven. Si los parpados se reduce a medio cerrados el mundo se borra. Prefiero guardar mi propia perspectiva, la de mirar quien esta vez está de pie, o sentado, a través del pasillo. O, si vuelo la mirada, ver por la ventana el otro tren, los dos trenes pasándose en altas velocidades, dos plataformas paralelos de la gente detenida, pero pasamos así, paralelos, sin darse cuenta de la existencia de los otros. Me da un vértigo pensando en los números de personas que pasarse así, un vértigo emocionante.

Me gusta olvidarme de mi mismo, desaparecer, y observar la red de historias que enrollan a mi alrededor. Que riqueza de material encuentra aquí; transformo en una narradora, pero una narradora limitada. Puedo ver las historias, puedo contar las acciones en detalle aunque nunca sabré las motivaciones.

La mente no se lleva bien con agujeros en el conocimiento, eso es, conscientemente. Podría olvidar las historias completamente, cerrar mis parpados. Al contrario, a mi mente le gusta pasa el tiempo de mi viaje cotidiana llenando los huecos, creando estas motivaciones por ellos.

Después de docenas de escenarios, se empieza a aparecer metas (si no me tarde) en mi transito. El padre quien lleva su hijo pequeño a la escuela en camino al trabajo, la misma pareja que se despide en un cambio. Me entretiene crear sus motivaciones, su historias no vistas, borrarlos después del día y recrearlas de nuevo el próximo. Desde aquellos días, empezaba a ver un hombre. Se montaba en Argüelles y subía en Ciudad Universitaria; cada vez con las masas de otros estudiantes él desapareciera. Y vuelo a aparecer cada vez. Pero por aquel razón, yo no podría borrar su historia. Se construyó, se añadió, se creció en riqueza, cada vez que le vi. Conozco bien su bigote adecuado, sus gafas de montura pasada, y su mirada distraídamente pensativa. Al principio yo estaba jugando con la idea de que él estudió las clásicas, o fue un aspirante escritor, pero no era suficiente observador. Aunque pronto sabía que era un poeta joven, absento. Le veo sus pantalones verdes, su suéteres holgados, y pensé, yo podría amarle. Podría amar este imagen que creía, del poeta un poco perdida, absento, perspicaz, quien se perdió en sus líricos hermosos y entonces falló sus clases más y más frecuente (por eso me dije que yo lo veo menos y menos.) Hasta que no le vi. Es que, yo le vi por todas las otras partes, y en concreto, en los trenes borrosos que pasaban mi.

Hace un día, el hombre apareció una vez más y no subió en Ciudad Universitaria. Quedó, y acercó a mi. Me entró en pánico. No pensaba que por los razones obvios, pero porque mi imagen hermoso ha aparecido una vez más, para ser por siempre destruido por la realidad. ¿Quería saber la verdad, o prefería mis cuentos construidos, tan bellos, tan perfectos? No me dio un opción. Acercó tan cerca mi cara, que podía sentir su aliento calida y suave en mis mejillas.

Me dijo: “Hola.”

Y yo respiré: “Hola.”

-- Halina Krzystek

2 comments:

  1. This comment has been removed by the author.

    ReplyDelete
  2. me gusta la poesia en esta blog post porque hasta ahora todo ha sido muy sencillo, y solo en lenguaje grave.
    Jennifer Brynne Sekerak

    ReplyDelete