Hace casi un mes, mi señora tuvo un cumpleaños, y experimenté mi primer almuerzo en una familia española. Me pareció como el Día de Gracias que tenemos en los Estados Unidos. Lo irónico fue que mi madre, la que tuvo el cumpleaños, también fue la que tenía que pasar todo el día cocinando y sirviendo a los otros. Sin embargo, toda la familia llegó para hablar, comer, y disfrutar de la compañía de sus parientes. Lo comida que tuvimos llegó en por lo menos 6 cursos. Comimos croquetas, ensalada rusa, ensalada de lechuga, huevos, carne, fruta, chocolate y tarta, por lo menos. Nos sentamos por la mesa por horas con toda la familia—nietas, hijas, yernos, abuelos, tíos—todos estaban allí (¡aún la abuela de 92 años!). Escogí esta experiencia para mi reflección porque para mí, fue muy fascinante ver la dinámica de la familia española entera delante de mis ojos en un instante. Podía ver las maneras en que se comunican, las maneras en que se bromean, y sobre todo, su intimidad. Ya sabía que su familia era muy unida. Había conocido a casi todos antes porque, si no están visitándonos, mi madre pasa la mitad del día hablando con todos y luego notificándonos de que han dicho. No obstante, al tener la oportunidad de comer con ellos y al ver toda la familia junta, era como tener una vista interior de la vida verdadera española, y en ese momento yo también sentí como un miembro de mi familia española.
Taylor Jones
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