
La región de Cataluña siempre tenía una identidad propia y distinta, algo que vino con el hecho de ser gran región marítima, con la joya de la región en Barcelona. Esta cultura finalmente fue reconocida en 1932 con el Estatuto de Autonomía, pero esta victoria independista no duró mucho tiempo; con la victoria de Franco vino la centralización del gobierno Español, y con esto, la integración de Cataluña en el sistema fuertemente controlado de Franco. Después de su muerte en 1975, todo empezó a cambiar para esta región orgullosa, empezando con las elecciones de 1977 (que establecieron La Generalidad de Cataluña con su líder, Josep Tarradellas) hasta que se reestableció el estatus de comunidad autónoma en 1979. Después de estas etapas, la región empezó a hacerse más y más independiente y autónoma, aún dándose el nombre de “nación” en 2005 (algo que no tiene ningún efecto político oficial, pero tiene gran significancia simbólica). Desde las elecciones de 2010, la confederación nacionalista de dos partidos políticos (una confederación que se llama Convergencia y Unión) controla el gobierno catalán, ganando con 38.5% del voto. También se puede notar que la gran mayoría del pueblo catalán apoya más autonomía sino independencia de España completa.
Cataluña no sólo creció en su autonomía y rasgos independientes. La región también ha crecido económicamente de manera impresionante, convirtiéndose en la economía regional más grande del país. Este éxito económico es debido en parte al desarrollo rápido que vino con los Juegos Olímpicos de 1992, que fueron a Barcelona. Estos juegos no sólo reunieron la ciudad de Barcelona y la dio una verdadera identidad (algo que no se sentía antes) pero también atrajo un montón de turistas y empresas. Barcelona se convirtió en ciudad turística e internacional, un poder económico y cultural impresionante.
Por supuesto, la Cataluña no sólo es punto importante económico sino también culturalmente. La diferencia más obvia es la del idioma: como vimos en Galicia o en películas de la Región Vasca, en Cataluña se usa un idioma completamente distinto al español, el catalán. A primera vista, aparece ser similar al Español pero no lo es. En Cataluña, el catalán y el español se consideran los dos como lenguajes oficiales y se puede ver esta combinación de todas partes, de menús a noticias sobre los trenes. Más que sólo idioma, la Cataluña tiene mucho a ofrecer en términos de su arte: Gaudí, Dalí y Miró todos se basaron en la región, y Pablo Picasso pasó unos años de su infancia dibujando y estudiando en Barcelona. En Barcelona, se usa particularmente la cerámica, con este material cubriendo un montón de murallas y plazas para crear dibujos bellos. En términos de cultura de comida, la Cataluña es muy distinta porque tiene acceso a las montañas y al mar, y los platos usan los recursos de los dos; se usa mucho aceite y no es raro combinar carne y pescado en el mismo plato. Muchos de estos platos se acompañan con vino, a veces con cava, el vino espumoso famoso catalán.
Este viaje no fue mi primera visita a Barcelona, ni a la región catalán; viví en Sabadell, cerca de Barcelona, para tres semanas hace cinco años. Aunque esta visita no fue mi primera, al fin tenía impresión completamente diferente de la ciudad de antes. Me di cuenta del punto hasta que Barcelona es una ciudad turística; de todas partes, no sólo se habló inglés, pero unas partes de la cultura que normalmente debería ser únicas a la ciudad (como las discotecas y los restaurantes) fueron nombrados en inglés, específicamente comercializado para turistas. Es posible que sólo fue porque nos fuimos en barrios más turísticos e internacionales, pero la falta de catalán o de español fue un choque para mi. Por supuesto, me encantaron la Sagrada Familia, las casas de Gaudí, las exhibiciones de Picasso (aunque si no estoy fanático del cubismo), el Camp Nou y el Parque Guell, y caminar por Las Ramblas; fueron tan magnificas como les recordaría, aún por tiempo de lluvia. La ciudad fue increíblemente divertida y la comida exquisita. Pero lo que recordaré lo más de esa ciudad es el hecho que nunca tenía la impresión de ver la verdadera ciudad, la verdadera Barcelona, sino sólo los sitios turísticos que ahora se podrían considerar más internacionales que catalanes. Yo sé que sólo pasamos unos días, y espero que fue por esta razón, pero la próxima vez que me iré a Barcelona (y esta seguro que quiero regresar), me gustaría ver los barrios menos conocidos de la ciudad, hacer lo que hacen los de Barcelona, descubrir lo que hay detrás de este muro turístico.
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